PARAGUAY: LA GUERRA DEL HAMBRE
En el Paraguay de hoy y en sus elites gobernantes, civiles, militares, empresariales, aún predominan, aunque cueste creerlo, a pesar de haber demostrado su incapacidad para hacer frente al creciente conflicto económico y social, las viejas ideas conservadoras heredadas de la guerra fría continental de hace cincuenta años atrás, que bajo la doctrina de la seguridad nacional, consideraba que la principal hipótesis de conflicto, de riesgo de seguridad del estado nacional, de existencia del sistema económico en su conjunto, provenían precisamente de los sectores o grupos sociales más excluidos, menos favorecidos, y con menor participación en el mismo sistema, que tenían y venían teniendo tanto en términos absolutos como relativos, el más miserable trozo de la torta nacional, como son los campesinos, indígenas y trabajadores en general del Paraguay.
A pesar de que las razones del golpe de 1989, estaban más relacionados a las ya incontenibles disputas que mantenían estos mismos sectores de poder a nivel interno (luchas comerciales de carácter mafioso), así como con las exigencias de recambio y actualización solicitada por los nuevos socios regionales (en proceso de democratización y reagrupamiento mundial), el paradigma del pequeño país anticomunista conservador pero estable, en confrontación exitosa permanente con un enemigo que peligre su existencia y la de todos en el hemisferio, aliado a una gran potencia americana protectora y gendarme, que a la vez que le permita su cohesión interna, le defienda de un liderazgo regional inestable y de cambiante rumbo, también en permanente disputa por el liderazgo local, continuaba en las mentes de los nuevos administradores de la transición. En su forma latente, de segundo plano, hasta que con el advenimiento de la administración Bush, el reposicionamiento de los neoconservadores, y finalmente el advenimiento del 11/S en el 2001, brinda la confianza necesaria para que los mismos vuelvan al centro de escena, a cara descubierta, también el Paraguay. Fruto de ello, es la propia composición del actual gobierno de Nicanor Duarte Frutos, una mezcla inorgánica de populismo de derecha y neoconservadorismo confesional.
El nuevo Paraguay democrático, si bien cuenta con garantías constitucionales y acuerdos regionales, que en pocos años lo han llevado a actualizarse un poco ante los cincuenta años de aislamiento efectivo, mantiene especialmente en los ámbitos de seguridad y defensa, reforzados por el 11/S y la lectura "a la colombiana" del conflicto social, tanto a nivel oficial como a nivel de las organizaciones empresariales de gran influencia sobre la administración del estado, con la misma visión bipolar de lucha ideológica y militar contra un eje del mal extracontinental, pero hoy con base hemisférica, a pesar de que el mundo haya virado en dramáticamente multipolar en los últimos diez años, sobre todo en términos económicos, con el comienzo del fin de la era del neoconservadorismo ultraliberal de la década de los noventa.
Solamente así, es posible entender que desde los responsables del estado se siga sosteniendo como eje cardinal de la política exterior, el relacionamiento con la isla de Formosa (que comenzó con la asistencia en lucha anticomunista, terrorismo de estado por parte de ésta al Paraguay), cuya denominación más conocida es Taiwán, bajo la siempre sospechosa "diplomacia del dólar". Y esta se mantiene en forma acrítica y atemporal, simplemente porque desde el establecimiento se considera, que todo aliado del gendarme americano es el mejor amigo en cualquier tiempo y lugar, y si esto coincide con la corriente sudamericana bien, si no coincide, mala suerte para la región, estaban nomás equivocados, ya se les pasará.
Trasladando esta simple regla de cálculo se obtendrá explicación del por qué la posición de las elites gobernantes paraguayas son siempre subalternas a los grandes y estratégicos intereses del gran país del norte, de preferencia si son las del partido republicano norteamericano en el poder, y dentro de éste la fracción más militarista. Conozcan o no las verdaderas intenciones del gran hermano americano, el alineamiento con ellos, es una constante desde hace por lo menos cincuenta años en forma casi automática, haya o no haya beneficio político o económico, inmediato o mediato, tangible o intangible de por medio.
De otra forma tampoco se podrá responder sobre las razones verdaderas del relámpago viaje del halcón republicano y secretario de la defensa norteamericano Donald Rumsfeld al Paraguay, como tampoco se podrá entender la velocidad de la aprobación por parte de un parlamento paraguayo servicial, de una invasión de agentes de inteligencia encubiertos dentro de ejercicios militares-odontológicos conjuntos, menos se podrá entender el avanzado interés por parte de la seguridad del estado en hacer una lectura "a la colombiana" del conflicto agrario paraguayo, sobre todo porque no existen tan siquiera los más mínimos paralelismos entre un país u otro, ni tan siquiera remedo de lo que podría ser cada uno de los actores colombianos, implantados en un escenario paraguayo.
Esta visión es retrógrada, porque busca una solución militar simplista a un problema de cambio social y económico que se está dando en el Paraguay, en la inmediata región sudamericana y en el mundo, más allá de la propia voluntad de los propios actores sociales paraguayos. La visión conservadora militarista, quiere mantener fuera del proceso de la evolución y descarte natural a los terratenientes ociososos y especuladores, a los contrabandistas y falsificadores, a los ganaderos extensivos, y a los sojeros expansivos, así como a sus representantes o testaferros en las estructuras del estado. Un modelo agotado, con una elite parásita destinada su desaparición por evolución y descarte natural, no puede sostenerse en el tiempo con fuerza militar alguna, nacional, internacional, paramilitar o parapolicial alguna.
Esta situación ya es insostenible, son los diversos nuevos actores, sociales, económicos y productivos, los que pueden aportar y llevar adelante nuevas ideas, a través de un nuevo modelo de acumulación y distribución, que debe comenzar por dar el pase a retiro y jubilación a la vieja, entreguista, antimoderna, infinitamente mediocre y raposa oligarquía gobernante del Paraguay.
Las soluciones al problema de la tierra, al problema de la productividad de la tierra, al problema del desempleo abierto, al problema del subempleo, al problema de la migración por miseria creciente, así como a las disputas de fondo entre sojeros, ganaderos, azucareros y algodoneros, a las de éstos con narcotraficantes, a las de todos éstos juntos con contrabandistas y falsificadores, no están en la fuerza beligerante alguna. El cambio social inminente en el Paraguay pone a la oligarquía doméstica ante la disyuntiva de cambiar o perecer, no por acción bélica convencional o no de un agente contrario interno o externo, sino porque la era de su reinado tal y como lo han hecho hasta ahora, ha concluido.FIN.
